Charulata

Curiosa la traducción que le dan algunos sitios a la película Charulata nombrándola La esposa solitaria. Nada que venga del director y guionista hindú Satyajit Ray podría tener un título tan básico como La esposa solitaria y, menos aún, abordaría algo tan literal. Charulata es una alegoría a la Musa como enamoramiento, como alumbramiento, como dolor. He llegado a leer en algunas reseñas que Charulata es una “negligente esposa” de un intelectual hindú, e-te-cé.

Quien vea esta cita una vez, y luego otra vez, sin que se canse, se dará cuenta que el personaje de Charulata es de todo menos negligente. Charulata es de esos personajes femeninos tan entrañables como Cabiria en Las noches de Cabiria, de Federico Fellini. Y es que cuando un creador, en este caso dos directores de cine logran mirar su ánima, ésta puede levantar sus vuelos en forma de intimidad y asombro finísimos.

En el caso de Charulata, la esposa nada solitaria, nada negligente logra escribir un cuento a través de un proceso de confusión y enamoramiento pasajero. Charulata es una mujer casada que tiene a su esposo: un hombre honorable y protector. Su mismo esposo le ha pedido a su primo-hermano, un joven simpático y alegre, que guíe a Charulata en su proceso creativo; pues el esposo sospecha que ella tiene talento y no se equivoca.

Durante las lecciones, Charulata logra mirar su obra pero la niega. ¿Por qué la niega? Porque viene de la fuente del enamoramiento, y uno de sus detonadores y fuerza es el joven poeta que la instruye y la compaña en sus lecturas, ese joven que representa su sol oriente y fresco del amanecer. La fotografía es un goce; y la gracia, la virtud, el erotismo de Satyajit Ray inundan cada momento de la película.

La poesía de Satyajit Ray se corona en Charulata con el arquetipo femenino en su máximo esplendor: la musa girando en su entorno y en su naturaleza salvaje y lunar al estilo de La Diosa Blanca, de Robert Graves.

Dirección/ Satyajit Ray (1964)

Cartel de la película hindú Charulata.