La Odisea

Las adaptaciones son un riesgo porque el director se enfrenta a dos tipos de público.

El primer tipo es el de los fanáticos de la fidelidad, aquél que detectó que Jo en la última adaptación de Mujercitas tenía el cabello rubio y no oscuro. ¿Rubios? Los de Beth en agonía, el momento más triste de la historia.

La última adaptación de Cumbres borrascosas se convirtió en un festín que tenía como objetivo darse un taco de ojo con el guapísimo de Elordi. Cumbres cochambrosas le pusieron mis alumnos atinadamente. El gitano y fuente de todo drama en la novela, por qué no, se reemplazó por un guapote fortachón cautivador con labios de mamador.

Al segundo tipo todo le da lo mismo: él sólo quiere ir a comer palomitas al cine y ver algo lindo. Da lo mismo si Helena de Troya es negra o blanca o china, al fin es la puta por la que se causó una gran guerra, dicen: que la castiguen.

También es cierto que no es lo mismo adaptar El código Da Vinci que Drácula. Y La Odisea era ya una odisea. El código da Vinci es tan básica y literal que no necesitas mucha creatividad para el guion. Pero, ¡Drácula! Es el día en que nadie ha hecho una adaptación digna de alabarse. Algunas han sido cercanas a su poderío como Nosferatu, de Robert Eggers; o Drácula, de Francis Ford Coppola, pero ninguna en la hipérbole de la obra original ni en su esplendor.

Con Pordiosera Nolan queda como el niño rico que juega con su juguete caro de alta tecnología. Mucha grabación IMAX en donde utiliza cámaras de altísima resolución y gran formato, pero con el espíritu de mendigo.

Si quisiéramos darle forma y tamaño a la ignorancia de esta época sería medida con la forma y el tamaño de Hollywood, que ya lleva años apropiándose de clásicos y destrozándolos con la mediocridad de la ideología woke.

Con La Pordiosera, Nolan se muestra tan minúsculo como director. Ni si quiera pudo explotar los episodios que ya de por sí eran mágicos como el Hades.

Nausícaa, la princesa Fenicia que rescata a Odiseo; la bolsa de los vientos, que son abiertos en alta mar; Mercurio como mensajero de Zeus que salva a Odiseo de los hechizos de Circe con la flor Molu, simplemente, fueron eliminados de la adaptación. ¿Cómo los metemos en la película? ¡Ah, quítalos! Total, da lo mismo.

Esta gente de Hollywood está tan intoxicada de su visioncita buenista que está imposibilitada para ver es el Espíritu de las grandes obras. Tienen la misión de destrozar el símbolo, pero también lo hacen torpemente: en ignorancia y banalidad.

La Pordiosera de Nolan es una historia de amor barato más, en donde los personajes femeninos son ultrajados y repintados maliciosamente en el lienzo de esta época donde reina lo banal.

Helena en La Odisea es generosa y portentosa: no lloriquea ni se queja de sus destinos grandiosos. Se ha hablado también de que Helena es en realidad en un símbolo, pero ese es otro tema.

Circe en La Odisea es ninfa, vive en armonía con el salvajismo de la naturaleza (ella es Naturaleza y visión) y está deseosa de Hombre: no una vieja resentida recluida en una choza al estilo de la bruja medieval.

La tripulación en La Odisea, después de ser cerdos regresan a ser de nuevo hombres. Hombres, sí, pero “más bellos que nunca”. Claro, esto no lo puede ver el niño cineasta rico, aunque quisiera, porque se requieren de otros secretos mágicos: la posibilidad de ver el mito en sus misterios de la Gran Madre.

Y por último, Calipso de La Odisea no es una mujer que “ama” tanto como para retener a un héroe porque se siente sola, ni Penélope es la mujer espantada agazapada en una esquina de su recámara. Ambas son en La Odisea fustes de ausencia y resistencia, cada quien en su sitio, sin chantajes ni victimizaciones.

Ojo, que no te distraigan los grandes oleajes de la tecnología. Esto es una trampa. Nolan a través de sus actores se ha pronunciado feminista, pero ha hecho mierda la grandeza de cada arquetipo femenino de La Odisea. Ya La Edad Media había eliminado del imaginario el concepto de Diosa para reposicionarlo en La Bruja. Y hoy El Vaticano con su plan ecuménico pretende quitarle a la Virgen María su condición de corredentora.

Los arquetipos femeninos no son sólo un tema de mujeres. El arquetipo femenino es el espíritu ordenador y de sabiduría. Hay que permanecer en vigilia ante los bodrios de Hollywood con su discurso buenista con que encubren su agenda sionista.

La Odisea de Nolan sólo es tecnología. Gente como él ya no puede ver porque su alma se la ha vendido a Satán. Nolan ya es del bando que tienen que beber sangre en el Hades para poder mirar a la humanidad y dirigirse a ella. Y en su misera sólo les queda la máquina.

Christopher Nolan hizo de La Odisea una Porsdiosera. Burda, literal e ideológica: eso es la descomposición cinematográfica de esta adaptación.

Después de Interestelar (2014), Nolan comenzó a hacer propaganda política. Ahí está Tenet y Oppenheimer (busca lavarle la cara a quienes apretaron el botón).

Dirección/ Christopher Nolan (2026)

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