Los poetas no se salvan a veces ni a sí mismos; menos van a salvar la civilización

Texto: Elsa Cross/ Yendi Ramos

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Foto: Pascual Borzelli/ CORTESÍA: Elsa Cross

En 2012 el Fondo de Cultura Económica publicó la Poesía Completa de Elsa Cross. Esta compilación, más que un libro, es un rastro de la exploración artística de la escritora mexicana: largo, minucioso, elegante y constante. Los registros de la voz lírica van del dolor a la luz, y viceversa; pasando por el cuerpo y la inteligencia punzante.

YR:Dice Goethe en el libro La metamorfosis de las plantas que todos somos hoja, nacimos siendo hoja, pero que en este plano venimos a vivir desde la raíz al polen. ¿Cómo ha usted podido llegar al polen en su poesía, narrar así la materia, así con esa luz?

EC: No sé si mi poesía haya llegado a ningún polen. Lo que puedo decir es que ha buscado la luz en todas partes, incluida la materia, que no es, para mí, sino una concreción de esa luz, que me ha sido más fácil encontrar en la naturaleza. Creo que por eso mi poesía está inmersa en ella. Mi libro más reciente, que se llama Libro de horas, hace un recorrido de las horas desde el amanecer hasta la noche -tal como hizo Manuel José Othón en algunos poemas- reflejadas en puras imágenes naturales. En este sentido es un libro muy impersonal.

YR:El libro Viaje a la transparencia de Nelly Sachs hay un logro admirable de narrar las estrellas pero estando frente a ellas. En sus libros es lo mismo, es como si la realidad ideal de Platón estuviera plasmada en sus textos, pero no desde este plano. Parece que ha logrado acceder a ese ideal y cristalizarlo. ¿Cómo ha estado dentro de la cárcel de la carne y del aprendizaje?

EC: En mi juventud, tal vez como consecuencia de haber estado tantos años en una escuela de monjas, sí viví el cuerpo como una “cárcel del alma”, como dicen Filolao y Platón. Después me di cuenta de que no tiene que ser una cárcel, puesto que es sólo un vehículo, o en todo caso una morada temporal que da la oportunidad de acceder al aprendizaje de una libertad cada vez mayor. Y siento que el primer paso hacia esa libertad es eliminar el antagonismo entre espíritu y materia, o alma y cuerpo; eliminar el mecanismo de pensamiento dualista que está muy profundamente arraigado en nuestro modo de pensamiento occidental y que es principio de muchos conflictos en todos los niveles.

YR: En el libro La Diosa Blanca, Robert Graves plantea (pecando de ser simplista) que la intuición y lo dionisiaco conforman la Musa Triple. Esto también es abordado por Friedrich Nietzsche en El nacimiento de la tragedia desde el espíritu de la música: la lucha entre lo apolíneo y lo dionisiaco. En ambos libros la inteligencia queda un poco abatida. Sin embargo, en sus poemas la luz y la oscuridad, la intuición y la inteligencia, quedan en una mezcla de perfecto tono. ¿Cuándo hacerle caso a la intuición y cuándo hacerle caso a la inteligencia?

EC: Todo el tiempo hay que hacer caso de la intuición y de la inteligencia y del instinto y del sentimiento. No podemos vivir escindidos. No tenemos que renunciar a una cosa para privilegiar otra. Es algo tan natural como saber qué mano usamos para cada tarea. Hay cosas a las que podremos aproximarnos mejor desde la intuición, y otras desde la razón, pero no tenemos por qué ponerlas en conflicto. En cuanto a Nietzsche en El nacimiento de la tragedia, lo que hace es mostrar cómo esa tensión dinámica entre lo apolíneo y lo dionisíaco tiene que hallar una armonía para poder dar origen a la creación artística, y tan importante es un elemento como el otro.

YR:Culturalmente creemos que los hombres no pueden ser lunares, sin embargo ahí está el mito de Osiris. O que las mujeres no pueden ser solares, sin embargo, en Alemania el sol tiene  connotación "masculina".  ¿Cómo podría un creador enfrentar estos dos polos de la consciencia humana, ya sea hombre o mujer? ¿Es posible trascenderlos por medio de la creación?

EC: Antes de trascenderlos hay que integrarlos. El gran psicoanalista suizo Carl Gustav Jung hablaba hace casi un siglo, dentro de su teoría de los Arquetipos del inconsciente colectivo, del ánimus y el ánima. Simplificando, el ánimus es la parte masculina en el inconsciente de una mujer, y el ánima, a su vez, la parte femenina en el inconsciente de un hombre. Cuando estos contenidos empiezan a asimilarse como propios, desaparecen muchos conflictos, pues se entiende que aquello que se considera como un opuesto en realidad es parte de uno. Y esa unión de opuestos, que puede ocurrir en el propio interior, es sumamente fértil para la creación artística. Si nos fueran más familiares estas nociones es posible que hubiera menos problemas de identidad de género. Sobre lo que mencionas, efectivamente en Egipto -y esto es una anomalía, porque en casi todas las culturas es al revés-, el cielo es femenino (la diosa Nut) y la tierra es masculina (el dios Geb). Y hay otra especie de anomalía en la lengua alemana, pues allí el sol es femenino (die Sonne) y la luna, masculina (der Mond), siendo que la mayoría de las culturas han asociado la luna con un principio femenino, etc.

YR:¿Qué es la poesía?

EC: Siento que la poesía es algo único y distinto para cada quién, y que cada quién debe descubrirlo. En mi caso, es un modo de percibir la realidad y de responder a eso. Y por realidad quiero decir muchos niveles de realidad, no sólo el de la realidad cotidiana.

YR:¿Qué piensa de los estereotipos o ilusiones alrededor de una poeta: suicidio, bohemia, alcohol, soledad, fama?

EC: Justamente eso: que son estereotipos. Creo que estamos ya muy lejos del prejuicio romántico de que el poeta o el artista en general tiene que vivir al borde de quién sabe qué abismos para ser capaz de crear. Puede ser el caso de algunos, pero no lo ha sido para ninguno de los grandes artistas, en cualquier campo (y pienso en Shakespeare, Beethoven o Rembrandt) que tuvieron que tener mucho sentido común, estar muy sobrios y ser muy disciplinados para poder producir obras de esa magnitud.

YR:Qué piensa de las otras posibilidades de una poeta: sabiduría, fuerza, el arte de hacer el amor, la capacidad de tomar decisiones. Todos estos términos relacionados con los me recibidos por Inanna.

EC: Todo eso está muy bien pero tampoco llevará a nadie a ser poeta.

YR: ¿Talento o disciplina?

EC: Evidentemente, las dos cosas. Si falta una, no se alcanza a producir un verdadero arte.

YR:Robert Graves decía que los poetas salvan la civilización, ¿qué opina de esto? ¿Para qué sirve un poeta?

EC: Que eran buenas intenciones de Robert Graves, quizá efecto de los paisajes u otras cosas de Mallorca. Los poetas no se salvan a veces ni a sí mismos; menos van a salvar la civilización. Lo que hacen es ofrecer su mirada acerca de las cosas que a veces puede revelar a otros algo que tal vez nunca habrían sospechado y que les puede enriquecer de una manera extraordinaria, o incluso transformar, su propia vida.

YR:Con la traducción de Inanna Reina del cielo y de la tierra usted abre otras posibilidades a los papeles conocidos de la mujer en el mundo. Antes quizá sólo se difundían el de la puta, la madre o la abandonada. ¿Hasta dónde puede llegar una mujer escritora?

EC: Hasta donde quiera o donde pueda. Quiero aclarar que yo no abro ningunas posibilidades de nada. Sí lo hace, efectivamente, la figura de Inanna, que viene de hace cuatro mil años y que da la imagen de una mujer -o diosa- sumamente poderosa, libre, capaz de tomar sus propias decisiones sin depender de nadie, y que logra todo lo que se propone. Es una figura excepcional, pues una mujer con esas características se va a encontrar quizá hasta el siglo XX. El poema de Inanna se escribió en Sumeria -o de esa fecha datan las tablillas encontradas- hacia el 1,750 a. C. (un milenio antes de la Ilíada). En el 2,400 a. C. una sacerdotisa suya había escrito ya otros poemas extraordinarios sobre la diosa. De esa sacerdotisa, llamada Enheduanna, proviene el primer poema firmado de la historia. En esa época, al parecer, se había consolidado ya un cambio hacia una estructura patriarcal que no se refleja mucho en los poemas de Inanna, que se gestaron, posiblemente, en una época anterior. Estos son cambios muy lentos y dolorosos, como el que está ocurriendo ahora, en que evidentemente el esquema patriarcal se ha agotado ya, y no se trata de sustituirlo por la vuelta a un hipotético matriarcado, sino de hallar un equilibrio. Ni el hombre tiene que dominar a la mujer, ni la mujer al hombre. Tienen que aprender a ser compañeros; no tiene uno que estar al servicio del otro, sino servirse uno al otro, apoyarse, protegerse mutuamente, ser solidarios. Falta mucha educación, en todos los niveles, empezando por el familiar, para que podamos llegar a un entendimiento así y dar un paso más natural hacia este esquema de verdadera igualdad.

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