La Social: metamorfosis de un sueño editorial anarquista

Entrevista a Ana Isabel Zavaleta Ortega y Madai García González

Texto: Yendi Ramos

Editorial oaxaqueña La Social

Cuando pensamos en anarquismo nos imaginamos a encapuchados pintando paredes. Y si te han desaparecido a un ser querido, pues lo de menos es una pared. 

¿Qué pensamos también cuando escuchamos trabajo colectivo y autogestión?

Hablo de cómo enfrentar la gestión de recursos propios, de cómo vencer los estereotipos de una sociedad que insiste en sólo validar proyectos que pertenecen al Estado o a instituciones con marcas bien posicionadas. O lo que es peor aún, cómo detectar el tráfico de influencias que se teje bajo la telaraña del buenaondismo y una camaradería falsa.

Por eso es bueno preguntarse si somos lectores con la suficiente capacidad de discernimiento para identificar si todo escritor validado por el Gobierno o por grupos o marcas tiene una obra de calidad.

Y esto también nos lleva a otros cuestionamientos ¿Cuáles son las luchas sociales vigentes? ¿Qué políticas críticas se mantienen vigentes? ¿Qué ecos de luchadores del pasado aún se escuchan en las rocas de un pueblo mexicano, desde hace mucho tiempo vencido? ¿Qué luchas se han transformado en batallas reales del día a día?

Los ideales cambian, se transforman y se van depurando en las necesidades personales de quien los sueña. Y muchas veces ser anarquista es tener una ética personal, una política de relación con los otros y la complicadísima tarea de emprender proyectos en comunidad.

Ana Isabel Zavaleta Ortega y Madai García González conforman La Social: una cooperativa editorial de mujeres de Oaxaca.

La Social publica de forma autónoma y autogestiva textos para acompañar y fortalecer procesos de lucha de mujeres, disidencias y pueblos originarios. Además, acompaña diversos procesos editoriales, desde de la escritura hasta la producción (impresión, diseño, encuadernación).

La Social promueve el trabajo colectivo como una forma de tener una vida digna y construir otros modos de relación entre mujeres. Se organizan en red con otras cooperativas, proyectos autogestivos y de economía solidaria.

El catálogo editorial de La Social ha cambiado radicalmente en los últimos cuatro años y con su más reciente publicación Nicaflor. Un cuento de corazón chatino, de la escritora Yesenia Loaeza Hernández, La Social incursiona en el terreno de la literatura infantil y abre la puerta a una literatura relacionada con las mitologías locales.

La Social inició como un colectivo político estudiantil en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) y por azares del destino se conformó en editorial.

La filosofía y la política de La Social pasó del anarquismo a la búsqueda del humanismo y del cuidado del otro en las relaciones de colaboración.

Portada del libro "NICAFLOR", de la escritora mexicana Yesenia Loaeza Hernández, de la editorial La Social.
Ana Isabel Zavaleta Ortega y Madai García González de la editorial La Social

Foto: CORTESÍA de La Social

YR: ¿La Social sigue siendo anarquista y de qué manera?

MG: La Social ha logrado tener un espacio propio y generar sus propios recursos pero no por la explotación nuestra o de otras personas.

AZ: La idea es que nadie haga las cosas por nosotros pero tampoco nosotros hacer las cosas para alguien más. Esto tiene que ver también con el cooperativismo, el cual consiste en tener nuestros propios medios de producción o ser dueñas de lo que nos posibilita nuestro trabajo.

MG: Entender esto ha sido parte de todo un proceso.  Y una parte de ese proceso fue el encuentro con las diversas formas del feminismo. Esa fue una línea que abrió una serie de textos que tenían sentido para nosotras como la relación con el cuerpo y la salud de las mujeres.

AZ: Nos fuimos preguntado cosas como: ¿con quién queremos organizarnos para lograr nuestros proyectos? Así el camino de La Social fue tomando otra identidad que tenía que ver con los espacios que habitábamos y las personas con las que resonábamos.

MG: Comenzamos también a cuestionarnos sobre desde qué lugar nos queríamos parar frente a la escritura, el valor que tenía y el cuidado que le queríamos dar a nuestras autoras.

Este es el camino de La Social, cómo fueron atravesadas por sus búsquedas personales hasta llegar a un proyecto que tiene que ver con la economía y la autogestión pero, sobre, cómo llegaron a la mirada de que ni el activismo ni el proyecto en sí es más importante que las personas y su cuidado dentro de un colectivo.

MG: Siento que hemos dado grandes pasos en estos cuatro años. Muchos de nuestros cambios tienen que ver con nuestras publicaciones. Las publicaciones se han convertido en relaciones que te regresan cosas. Dentro de nuestra filosofía está la amabilidad con las autoras, la libertad y el diálogo constante con las escritoras. Quizá no vamos a ofrecer muchas regalías pero sí damos la garantía de que el libro va a quedar como lo desea la autora.

YR: Como emprendedoras, ¿hay que hablar de dinero?

AZ: Claro, al inicio nosotras mismas que nos dedicábamos a eso no teníamos claro cómo se cobra, cuánto se cobra, cuánto cuesta el trabajo editorial. Porque también es cierto que ha cambiado nuestra relación con el dinero, desde que éramos estudiantes ahora. La Social ha ido creciendo con nosotras. Básicamente, el trabajo de La Social de hace cuatro años no se cobró.

MG: Ahora nos hemos planteado otras estrategias. La idea es que nosotras sostengamos el proyecto y el proyecto nos sostenga a nosotras pero desde el comercio justo, sin especulaciones de ningún tipo.

YR: ¿Qué tan difícil es trabajar juntas?

MG: Trabajamos desde la confianza y respetamos el trabajo una de la otra.

YR: ¿Cómo defienden sus valores actuales y su ética de trabajo? ¿Se han enfrentado con personas que no lo entienden?

AZ: Claro, pero buscamos evitar creamos relaciones de poder o evitamos discursos de: te hago el favor de publicarte, por ejemplo.

MG: Sí, tenemos además una división muy clara entre las publicaciones que forman parte del catálogo editorial de La Social y los servicios profesionales.

YR: ¿A qué aspiran como proyecto político y editorial?

MG: Me gustaría que los libros de La Social estuvieran en más lugares. Además que la edición se convierta en una herramienta accesible para las personas, que existan más talleres de autoedición y que el libro deje de tener esa aura objeto inalcanzable.

YR: ¿Cómo inició La Social y por qué está vinculada con el concepto de anarquismo?

MG: La Social inició con un colectivo del que no fuimos parte al inicio. La Social fue un proyecto previo a nosotras y se originó en un cubículo estudiantil en la ENAH. Ese cubículo era un espacio tomado, un salón lleno de libros, archivos, materiales para serigrafía, encuadernación. Ese fue el espacio en el que muchos nos politizamos pero también un lugar en el que comenzamos con la idea de un proyecto editorial, el cual consistía en difundir textos ya publicados. Teníamos las herramientas, la tecnología para editar, para seleccionar, para piratear. El anarquismo en México está vinculado a los oficios, con la autogestión. En ese entonces tomábamos los textos y los publicábamos, nada de que vamos a preguntarle al autor si podíamos usarlo. También es cierto que muchos de los textos que difundíamos pertenecían a autores ya fallecidos pero aún así el anarquismo editorial estaba muy vinculado al pensamiento libertario. Yo venía de un movimiento social muy fuerte que me marcó: el 2006 en Oaxaca. Tenía 14 años pero fue una época que me hizo reflexionar sobre la insuficiencia del estado. Cuando llegué a La Social para mí hizo mucho sentido la organización desde la autogestión, de hacer las cosas por nuestros propios medios, el trabajo cercano, manual, artesanal y de consciencia. En este camino fueron cambiando nuestros valores, nuestra ética. En algún momento me llegué a cuestionar qué textos vale la pena piratear y qué proyectos merecen ser gestionados desde el cuidado colectivo.

AZ: Cuando nosotras estábamos en la escuela se estaban dando diversos movimientos estudiantiles muy fuertes como Yo soy 132 y el regreso del EZLN. Además, empezó a haber una serie de convocatorias alrededor de los colectivos de corte anarquista o autonomista. El origen de La Social con el anarquismo tiene que ver con que éramos estudiantes de Antropología e Historia y buscábamos textos que queríamos leer y circular. En ese entonces La Social fue una manera de organizarnos, una forma de trabajo colectivo pero como editorial se conforma en Oaxaca con la integración de un proyecto editorial de La Social, gestionado por Madai, y el mío que se llamaba Fusilemos la noche. Un día Mad y yo dijimos: ¿por qué juntamos nuestros catálogos? Tenemos las herramientas, las máquinas. Así llevamos trabajando cuatro años juntas.