Dejar de escribir es, en realidad, alejarse de la intimidad que implica la creación
Entrevista a la poeta chilena Luisa Johnson
Texto: Yendi Ramos
Foto:Portada de Horario de un caracol, edición de 1963.
Cuando en 2013 viajé a Santiago de Chile entré a una librería de viejo y salí con una joya entre las manos: Horario de un caracol. Se trataba de una primera edición de 1963 que cabía en la palma de la mano. Ese dispositivo llamado libro tenía toda la personalidad de una caja de resonancia que, hasta ese momento, no había escuchado en Chile, pero sí en Brasil con Adelia Prado: una poesía transparente, elegante y honesta.
Busqué en Internet noticias de la autora y no encontré nada hasta el 2016 cuando el editor Carlos Almonte reeditó el poemario en Descontexto Editores. Inmediatamente le escribí a Carlos Almonte y, gracias a él, pude ponerme en contacto con Luisa Johnson y logré platicar con ella sobre su poemario.
Luisa Johnson fue bibliotecaria toda su vida. Trabajó mucho para sacar adelante a su familia. Después de publicar Horario de un caracol ya no volvió a escribir. Tuvo una beca en Brasil donde vivió un año.
Foto: Portada de Horario de un caracol, Descontexto Editores 2016.
YR: Luisa, ¿por qué dejó de escribir?
LJ: Horario de un caracol se publicó por primera vez en 1963. Después de muchas correcciones y mucha indagación de qué es lo que quería publicar, logré integrar esa cantidad de textos que aparecen en el libro. Después, la vida me ha obligado a hacer otras cosas para sobrevivir, digamos. Uno no sobrevive necesariamente con la literatura. La sobrevivencia te aleja de lo que miras y cómo ves las cosas.
YR: ¿Eso no le dio tristeza?
LJ: Tú hablas de tristeza. Más bien me dio nostalgia de algo que uno es pero que ya no puede seguir siendo. Sin embargo, uno sigue viendo las cosas desde un punto de vista diferente al que ve todo el mundo. Dejar de escribir es, en realidad, alejarse de la intimidad que implica la creación.
YR: ¿Cree en la Musa? ¿Cómo es eso de que dejó de escribir, pero no dejó de ser poeta?
LJ: Esto de ser poeta es algo que uno no elige, es algo que yo, supongo, uno lo trae. En el camino de un poeta tienes que torcer un poco tu destino y dar importancia a otras cosas diferentes a la poesía. Sin embargo, siempre seguí viendo y sintiendo desde el punto de vista de la poesía. Tengo una mirada bastante diferente a lo habitual y creo que eso no se pierde nunca.
YR: ¿No le gustaría volver a escribir?
LJ: La poesía plantea exigencias y dificultades tremendas a las cuales uno tiene que responder. A veces me gustaría volver al tesón, al esfuerzo y a la exigencia de la escritura, pero hace mucho tiempo entendí que la poesía fue elemental para mí, pero no para la sociedad. La sociedad te exige ingresos y yo trabajé diario para sacar una familia adelante. En medio de todo eso hice mi poemario. En ese sentido no hice una rebelión. Seguí los mandatos de una exigencia de vida bastante habitual.
YR: La poesía latinoamericana está muy enfrascada en la metáfora y en la robustez de la figura retórica de repetición. Su mirada es tranquila y doméstica, ¿también hay una rebelión en escribir desde ahí o no?
LJ: Sí me creo rebelde, pero no creo que haya sido conscientemente rebelde. Yo creo que más bien fui distinta de lo que se espera de una mujer o una niña de una sociedad determinada. Yo tuve que asumirme como soy y no disfrazarme tampoco.
YR: ¿Tuvo un costo esa honestidad?
LJ: Nunca me hice esa pregunta y tal vez sí. Yo tuve que acomodarme, buscar cómo caber en ciertos moldes con los cuales no había contado. Tuve que aprender mucho. En ese sentido, la poesía me ayudó mucho a liberarme diciendo ciertas cosas que cierta gente las entiende y otras no.
YR: ¿Qué siente cuando alguien le dice que no entiende sus poemas?
LJ: No me importa.
YR: Tiene una influencia en su poesía más bien brasileña y no chilena, ¿es así?
LJ: Qué curioso que lo menciones. Sí, estuve un año en Brasil viviendo como vive un becado: con todas las dificultades. Me gustan mucho los dulces y recuerdo haber caminado las dulcerías y mirar detrás de las vitrinas y no comprar nada. Todas esas cosas sí las viví y creo que las hemos vivido todos.
YR: ¿No se peleó con la poesía por eso?
LJ: Yo traté de armonizar lo que yo miraba, lo que yo sentía y lo que la vida me iba dando. Luchar contra mi vida no lo hice nunca, siempre la tomé con relativa aceptación y, tal vez, mi escape fue la poesía.
YR: ¿Y cuando no podía escapar?
LJ: Yo he sido siempre muy sensible a lo que me rodea. Por ello, siempre he tratado de adaptarme. Trato de no decir lo que puede choquear a otro salvo que yo crea que esa persona me puede entender. En el fondo yo creo que he escondido muchas cosas, probablemente, y que estoy pagando el precio de ese escondite. Estoy detrás de esa cortina desde hace tiempo.
YR: ¿Qué pasaría si volviera a salir Luisa?
LJ: Mira, he estado pensando seriamente en salir y después te podría contestar.
YR: ¿Qué le impide salir?
LJ: Tendría que ponerme a trabajar en la poesía y no estar pensando en sobrevivir. Afortunadamente, no trabajé en un banco. Soy profesional bibliotecaria y trabajé con muchos libros, pero con libros que no necesariamente me interesan.
YR: ¿Qué libros le interesan? ¿Cuáles han sido sus influencias literarias?
LJ: Me eduqué en un colegio inglés, es decir, tengo mucha influencia de los ingleses. Eso se ve en mi poesía. Además, siempre admiré y me gustó mucho el trabajo de Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Vicente Huidobro, Walt Whitman, T. S. Eliot y Carlos Drummond de Andrade.
YR: ¿Cuál ha sido de los más grandes retos en su proceso poético?
LJ: Ha sido difícil conocerme. A veces me sorprendo.
YR: ¿Qué es la poesía?
LJ: La poesía para mí es una forma de decir, transmitir emociones usando la hermosura de las imágenes y del lenguaje. Una imagen puede tocarte más que muchas palabras. Una imagen te hacer remecer hasta el infinito. Y yo siempre viví dentro de una imagen, desde muy chica porque no sabía cómo era el ser humano.
YR: ¿Cómo es el ser humano?
LJ: Por suerte es de todas formas. Es bondadoso, generoso, pero también es cruel, mezquino. Uno también desde su generosidad puede tener mezquindades adentro y eso puede ser un juego, un poco malévolo, pero es un juego, después de todo.
YR: El poeta lleva en la piel una herida que nunca sana. Es un oxímoron constante y una hipérbole difícil de acallar. ¿Cómo llevaste esto en una vida cotidiana?
LJ: Con bastantes depresiones y apoyo psiquiátrico. Cuando yo hablaba con mi psiquiatra pensaba que no me estaba entendiendo nada. Pero en realidad, de todo lo que pudo hacer sido difícil no lo fue tanto. Siempre tuve la oportunidad de encontrarme con la naturaleza, de encontrarme con los animales, de hablarle a la naturaleza como si fueran personas, de hablarle a los animales como si fueran seres humanos. Cuando me di cuenta de eso supe que todo estaba bien.
YR: ¿Cómo aceptar la realidad?
LJ: Con sentido de humor. El sentido de humor me ha sacado de todo lo oscuro que he vivido a veces.
YR: ¿Qué secreto te ha revelado la naturaleza?
LJ: La belleza. La belleza es un secreto que la naturaleza te manda y uno está listo o preparado para recibirla, o no está listo para recibirla. Yo estaba maravillosamente preparada para recibirla. Fue un regalo. No es algo que yo haya buscado. Ese regalo sirve para ver las cosas de mejor manera, poder entenderlas, poder contentarse, poder reírse y hacer bromas. La belleza te ayuda a hacer bromas también. Es decir, la belleza te ayuda para todo.
YR: La belleza, ¿es de Dios o del Diablo?
LJ: De Dios, definitivamente. El Diablo no hace tanta belleza. La belleza yo creo que viene de un ser supremo lleno de bondad. O sea que, la belleza, diabólica no es.
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